El problema radica cuando el éxito de uno se transforma en una mala noticia para otro. Cuando algo positivo viene de la mano de alguien que no ''nos cae bien'', para nosotros puede tornarse como la peor de las desgracias.
Nunca es tarde para recibir malas noticias. Odio las malas noticias. ¿Quién no? Pero odio más cuando esa mala noticia arruina tu día, tu semana. No es lo mismo recibir un día completo de malas noticias: una más o una menos... da lo mismo. En cambio, cuando todo marcha tan bien, sin una sola piedra en el camino, tiene que llegar algo que te cambia el panorama y te deja perplejo.
Lamentablemente, es la realidad que no podemos cambiar.